Dicen que George Wingfield, el magnate minero que era dueño del Hotel Goldfield a principios de 1900, tuvo una relación con una “mujer de la calle” de nombre Elisabeth.
Cuando ella se embarazó, el señor Wingfield la invitó a vivir al hotel para evitar el escándalo. Una véz que ella se había instalado fué encerrada en el cuarto 109 donde estuvo encadenada hasta que nació el bebe. Según los rumores Elisabeth murió al dar a luz, otros dicen que Wingfield la asesinó después y que al bebé lo dejó a su suerte en una de las minas que estaban abandonadas.
Desde entonces dicen que a veces se escuchan los lamentos de una mujer, el llanto de un bebé y hasta se percibe el humo del cigarro de Wingfield en los pasillos del hotel.
La historia me hace recordar un poco a la película de Silent Hill…












